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¿Cómo prevenir la ansiedad?

Todas las personas sienten ansiedad, pero no todas desarrollan un trastorno de ansiedad. Para que esto suceda deben conjugarse tres factores: vulnerabilidad biológica, vulnerabilidad psicológica y un disparador (alguna situación o condición particular que sea leída como riesgosa). Algunos niños presentan desde muy pequeños ciertas características en sus reacciones que conducen a considerarlos con un temperamento más sensible o variable. Se irritan con facilidad, reaccionan intensamente a la luz, al ruido o al contacto físico, es difícil que duerman. A esto se le conoce como vulnerabilidad biológica; son niños con mayor sensibilidad a la ansiedad.

Esto, sin embargo, no se constituye en un problema en sí mismo. La crianza, esa dinámica diaria entre los adultos y el niño en la que se aprende por instrucción directa pero también a partir de lo que se observa en otros y de las consecuencias del comportamiento, resulta fundamental. Las experiencias de aprendizaje pueden fortalecer al niño en su tolerancia al malestar emocional o bien favorecer su vulnerabilidad psicológica. Aquí radica la mayor posibilidad de prevención de problemas de ansiedad. ¿Qué vale la pena tener en cuenta?

Promover desarrollo de recursos de regulación emocional

La educación emocional se ha convertido en un concepto popular en esta última década. A grandes rasgos significa enseñar a reconocer las emociones y sus diferentes manifestaciones (cómo se siente en el cuerpo, cómo actuamos y pensamos) y promover una adecuada expresión emocional (poner en palabras lo que siente y cómo quisiera que se le ayude).

“Si el niño ya reconoce las diferentes emociones como reacciones naturales ya es posible promover el desarrollo de tolerancia al malestar emocional.”

Promover desarrollo de tolerancia al malestar emocional

Si el niño ya reconoce las diferentes emociones como reacciones naturales ya es posible promover el desarrollo de tolerancia al malestar emocional. Permítale perder cuando juegan, incomodarse cuando los hermanos mayores la hacen a un lado; frustrarse y volver a empezar. Que tolere esperar su turno en los juegos y las filas, esperar para hablar, no obtener todo lo que desea por pequeño que sea lo que pida.

Acompañar al niño en su día a día a enfrentar y NO a evitar cobra sentido. Satisfacerlo y protegerlo de todo riesgo puede tranquilizar también a los padres, pero es una bomba de tiempo: hace más vulnerable al niño cuando aparece el malestar emocional.

Unido a lo anterior, los padres y adultos que participan en la crianza del niño pueden promover las oportunidades para que aprenda diferentes recursos para enfrentarse a los retos de la vida. ¿Cómo resolver problemas con sus compañeros?, ¿y los conflictos en la interacción diaria con sus hermanos?, ¿cómo organizarse para responder a sus responsabilidades en el colegio?

Entregarle las responsabilidades que por su edad el niño ya puede asumir (tender su cama, organizar su cuarto, cuidar sus útiles, ayudar en algunas tareas domésticas) permite que desarrolle habilidades específicas, se perciba capaz y seguro de sí mismo.

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