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¿Cómo manejar la ansiedad en niños y adolescentes?

Hay diferentes formas de hacerle frente a una emoción. Cuando una persona está triste tiende a aislarse o bien a buscar apoyo en aquellos que son cercanos. Con ira usualmente se disparan comportamientos agresivos o se imponen límites de manera contundente. Estas rutas de acción cumplen con la misma función de manera inmediata: reducir el malestar emocional; la diferencia está en sus consecuencias posteriores. Por ejemplo, en el caso de la tristeza, aislarse puede ayudar a recobrar energía, pero abre las puertas para sobredimensionar lo negativo empeorando el malestar emocional. El apoyo por parte de personas cercanas en cambio, permite que se vean otros puntos de vista más realistas y ayuda a mantener el contacto con el momento presente. Esto suele disminuir el malestar emocional.

Conocer estos canales típicos y casi automáticos de acción de cada emoción, ayuda a que el adulto valide de manera genuina y reconozca como normal la experiencia emocional del niño, guiándolo a identificar que, si bien la emoción es válida siempre, muchas veces los comportamientos a los que nos guía dicha emoción, son ineficaces.

1. Enfrentar en vez de evitar

Lo anterior aplica para todas las emociones, la ansiedad entre ellas. Piense en el caso de un adolescente que empieza a ir a fiestas con sus compañeros, pero cree que no baila suficientemente bien y que no van a querer estar con él. Su ansiedad va en aumento y empeora cuando todos se lanzan a la pista de baile. No lo tolera y se va de la fiesta. Ante nuevas invitaciones prefiere excusarse y no asiste. El escape y la evitación son los principales recursos que utiliza la persona con ansiedad; de inmediato se reduce el malestar emocional, pero en el largo plazo son justo lo que mantiene el problema. Si se evita asistir a fiestas, hablar en público, expresar opiniones o bien acercarse a animales inofensivos o estar a solas en la oscuridad, entre muchos ejemplos, lo que tiende a suceder es que la tolerancia al malestar emocional disminuye (entonces cada vez se siente más ansiedad ante situaciones menos significativas) y además no se desarrollan las habilidades básicas para enfrentar esas situaciones, por lo cual la autopercepción de su capacidad de afrontamiento disminuye.

Hay muchas formas de evitar: tratar de no acordarse de una experiencia dolorosa, dejar de estar con ciertas personas, no hablar de ciertos temas; incluso a veces la persona se muestra agresiva y responde cortante como una forma de evitación. Otras consumen alcohol o sustancias psicoactivas para evitar sentir y algunas recurren a las auto lesiones (cortarse, quemarse) para no sentir el malestar emocional.

Si el adolescente del ejemplo anterior siguiera asistiendo a las fiestas con sus compañeros, notaría que cada vez se sentiría más cómodo hasta llegar incluso a disfrutarlas y, además, se volvería más hábil en conversaciones casuales y baile espontáneo. Su tolerancia a la ansiedad aumentaría y sus habilidades específicas mejorarían. Enfrentar en vez de evitar implicaría un costo emocional al inicio, pero con ganancias significativas en el largo plazo.

2. Emociones en Contexto:

Las emociones no aparecen “de la nada”. Muchas veces se escuchan expresiones como: “me dio ansiedad y no sé por qué”, o “¡yo siempre he sido depresivo!”. Ser capaz de reconocer lo que se está sintiendo y ponerle un nombre: “esto es miedo o ansiedad” y reconocer su relación con lo que se conoce como contexto (las situaciones específicas en las que se presenta y condiciones internas que la favorece), conduce a un mejor manejo. Aquí vemos como promover esto:

Identificar la emoción / Ponerle un nombre: En muchos casos es necesario que el adulto lleve al niño a identificar la emoción, en los más pequeños sirve utilizar caras de expresión emocional, hacer que seleccionen o dibujen la expresión y ligar dichas expresiones faciales a palabras o nombres para la emoción (ansiedad, nervios, angustia, miedo), si al niño le cuesta identificar la palabra, podemos ayudarle utilizando un listado de emociones.Poner la emoción en palabras no sólo ayuda a expresarla, sino también a procesar la emoción y obtener un nivel mínimo de conciencia de lo que esa emoción me puede llevar a hacer.

Para ayudar a su hijo a identificar emociones de manera divertida, sugerimos los siguientes videos :

https://www.youtube.com/watch?v=83MzL3YGR3M

https://www.youtube.com/watch?v=vsFERoAz448&t=189s

https://www.youtube.com/watch?v=vQvyP_ZCk9o&index=24&t=0s&list=PLFUrHLurtc9rrZGoxV6Xfl48IZQEh66At

3. Validar la emoción

Una vez se haya identificado la emoción, es importante que el adulto comunique que entiende que su hijo se sienta de dicha manera, dada la situación y a partir de su perspectiva. El adulto debe estar atento a no usar frases que hagan sentir mal al niño por la emoción expresada (¡esto ya es un logro!), afirmaciones como “qué exagerado, cálmate, no es para tanto”, suelen ser comentarios invalidantes que dan el mensaje de que NO está bien sentirse de esa manera. Entonces, es fundamental validar la emoción del niño, llevarlo a reconocer que el problema no es sentir la ansiedad, sino cómo elijamos reaccionar ante ella una vez seamos conscientes de que la experimentamos.

4. ¿Cómo definir las emociones en contexto?

“¡Quiero dejar de sentir miedo!”, “Vengo a que me ayudes para no volver a sentir ansiedad”, “No quiero sentirme mal cuando peleo con mis amigas”. Estos son usuales pedidos en la consulta psicológica. “Tienes que ser más relajada”, “¡No te estreses!”, “Controla tus nervios”, son indicaciones populares, pero poco efectivas.

Sentir no es un problema, es una reacción y dejar de sentir no es la solución, más bien contribuye al mantenimiento e intensificación del problema (como se vio con la evitación). Si se convive con un problema de ansiedad ayudaría reconocer los comportamientos que pueden estarlo manteniendo e intensificando (por ejemplo: no busco ayuda, no hablo de lo que me afecta, abuso de sustancias, me aíslo, grito, insulto) e identificar aquellos que serían beneficiosos (enfrentar progresivamente aquello q he evitado, hablar, buscar ayuda). Los cambios de comportamiento generan cambios emocionales.

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5. Mantener el contacto con el momento presente

Anticipar consecuencias es válido, sobre todo si ayuda a organizar el comportamiento en función de ellas. Si un estudiante revisa sus calificaciones del colegio y nota que está en riesgo de perder algunas materias, esto tiene todo el sentido si le conduce a ajustar sus estrategias de estudio. Un caso diferente es la tendencia a preocuparse: “qué tal que mi mamá se vaya al trabajo y le pase algo malo?”, “Y si me llego a enfermar?”. Este tipo de pensamiento resulta vago e incierto de modo que es poco lo que se puede hacer, excepto imaginar escenarios difíciles y negativos. La anticipación de consecuencias negativas genera malestar emocional, pero conduce a acciones específicas que pueden atender el problema. Las preocupaciones no promueven ningún cambio de comportamiento, sólo producen ansiedad.

Aprender a hacer conciencia del momento presente es un buen recurso para regular las emociones. Esto significa reconocer las condiciones específicas del momento, lo que se siente, lo que se percibe (sonidos, temperatura, olores) y lo que se piensa (juicios y descripciones). Observar y reconocer es la clave. No es necesario “poner la mente en blanco” para regularse; es más efectivo estar presente en el presente, tal y como sea ese presente.

Al mantener contacto con el momento presente se hace posible elegir cuándo vale la pena actuar para generar cambios, pero también cuándo favorecer la aceptación de la experiencia emocional transitoria.

Para ayudar a su hijo a hacer contacto con el momento presente, puede guiarlo en cualquier actividad cotidiana, o hacer uso de videos o ejercicios guiados como este:

https://www.youtube.com/watch?v=OHqG-O1g5Nc

6. Diferenciar entre el pensamiento y la realidad
Los pensamientos pueden en algunos casos describir una realidad específica, pero de ninguna manera representan la realidad tal y como es. Incluso la creencia popular señala que el pensamiento tiene un poder significativo: “si piensa mucho en que algo puede ocurrir, así será”. ¿Han hecho alguna vez el experimento? “¡Odio a mi hermano! ¡Ojalá le pase algo muy malo!”. Si se ajusta a la creencia popular descrita, pronto sobreviene la ansiedad y la culpa. Como ya se vio, existe una relación entre lo que se siente y lo que se piensa y es justo eso lo que parece darles fuerza a los pensamientos: “Se siente cierto”. “Siento que va a pasar algo malo” ES un pensamiento, NO una descripción de la realidad.

La realidad se puede describir a partir de los hechos, que pueden ser positivos, neutros o negativos, pero son como son. Los pensamientos incluyen también juicios, interpretaciones, suposiciones y pueden estar moldeados por las emociones.

Reconocer cuando la reacción emocional está relacionada directamente con la realidad, o bien con el contenido de los pensamientos, ayuda a un mejor manejo.

Aprender a observar los pensamientos que experimentamos bajo la influencia de la ansiedad, nos permite evidenciar que dichas interpretaciones corresponden a los anteojos de la emoción, a través de los cuales vemos la realidad en ese momento. Imagine entonces una situación que a usted le genere ansiedad, probablemente sus pensamientos sean similares a los que expresará su hijo en los contextos en los que él se sienta ansioso, estos suelen estar relacionados con incapacidad, anticipar lo peor, considerar que no hay opción o solución y que se es víctima de la situación.

7. Diferenciar entre condiciones adversas y problemas

Como ya se vio en el apartado anterior, los hechos son como son. Algunas cosas que pasan son muy buenas, otras menos y otras definitivamente nos afectan. El malestar emocional puede provenir de enfrentar hechos difíciles que ocurren, pero están fuera del control de la persona. A esto se le llama condiciones adversas. La muerte de un ser querido es un ejemplo. Genera gran impacto emocional pero no hay nada que se pueda hacer para modificar lo ocurrido. NO es un problema y, por lo tanto, no tiene solución. En estos casos, la aceptación de la experiencia emocional en contacto con el momento presente es la mejor alternativa.

Aprender a reconocer cuándo se trata de problemas que podrían ser atendidos para generar alternativas de cambio es un importante recurso de manejo de la ansiedad.
Un problema que no se resuelve genera muchísimo malestar emocional. Para resolverlo hay que reconocerlo, definirlo, generar diferentes alternativas, elegir alguna teniendo en cuenta sus consecuencias, ejecutarla y evaluar los resultados. Resolver los problemas oportunamente reduce la ansiedad.

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